Serenidad
Serenidad
Para mantener los buenos modos en todo momento, se necesita
una buena dosis de serenidad, es decir, esa lucidez de la mente y estabilidad
del corazón que permiten acertar prudentemente en nuestro comportamiento.
Si una conversación
intrascendente se convierte en discusión acalorada, la persona educada sabrá
cambiar de tema o conceder que el interlocutor puede tener razón; en estos
casos es la elegancia quien sale vencedora. De igual manera se responderá
adecuadamente ante algún insulto o descortesía, cuando, sin soliviantarse,
serenamente se valore cuál debe ser la reacción más provechosa.

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