Las formas en el trato social

 

Las formas en el trato social 

Las relaciones sociales se perfeccionan con el ejercicio recíproco de las buenas formas, tratando a los demás como uno desea ser tratado. Ahora bien, conviene tener en cuenta que, si es cierto que todos los hombres tienen la misma dignidad fundamental conforme al ser de personas, existe también cierto orden o rango entre las personas, de acuerdo con circunstancias reales que las distinguen.


Las relaciones sociales y profesionales entre los iguales serán las más frecuentes; las que se mantienen con personas de un nivel más alto requieren ciertas manifestaciones de diferencia; con personas de menor rango, se habrá de extremar la delicadeza en el trato, para evitar incluso cualquier falsa interpretación que pueda humillar.



Audacia y Timidez 


El trato social requiere cierta soltura y fácil desenvolvimiento, y timidez incompatible con una postura tímida y encogida.

 Pero el tímido «compensado, el que con gran esfuerzo de voluntad vence su timidez, siempre habrá de plantearse, guiado por la prudencia, hasta dónde debe llevarle su audacia, es decir, ha de actuar con tacto.



Mantener las distancias 


Base para fomentar relaciones duraderas y verdadera amistad es guardar cierta reserva amable, que no necesariamente ha de ser un misterio.

 La persona que insiste en tutear a todos, que se confía a cualquiera indiscriminadamente o se inmiscuye en los asuntos de otros, fácilmente tropieza con la frialdad de los demás, al percibir síntomas de frivolidad y superficialidad en ella.

 La confianza no puede imponerse jamás, solamente puede inspirarse. Por ello, mantener las distancias respecto a la propia intimidad no es solamente útil entre compañeros de trabajo, también es necesaria, en otro grado, para la vida familiar. Algunas personas abruman con confidencias de índole privada, tratando de forzar la intimidad. Esa cierta tendencia solo puede provocar una falsificación de la amistad, incluso llegar a impedirla.

 La sencillez no es incompatible con una delicada reserva de la propia intimidad, que da un cierto encanto a la personalidad.


Expresiones vulgares 


El lenguaje empleado por una persona no solo denota su grado de inteligencia, sino también su cultura y su educación.

 El excéntrico o extravagante trata de llamar la atención por ostentación, pero rara vez es digno de admiración. En la conversación ha de evitarse, pues, el uso de expresiones rebuscadas y cursis, pero también aquellas que estén a la última moda, ambos extremos denotarían una actitud de superficialidad.

 Utilizar palabras con doble sentido no deja de demostrar muy mal gusto, cuando el segundo sentido es zafio y grosero.

 La persona educada debe evitar en su conversación las palabras soeces o vulgares.

 Si ya es un error pensar que se es más varonil al emplear un lenguaje grosero, con mayor razón utilizar un vocabulario bajo y degradante contraría profundamente la verdadera feminidad.

 Aunque, por falta de instrucción, se empleen palabras vulgares en medios sociales menos cultos, nunca es disculpable su uso en personas de un nivel sociocultural más alto: quienes las utilizan por esnobismo, pensando incluso que tiene cierta gracia el hacerlo, solo añaden una nota de vulgaridad a su presunción.

Comentarios

Entradas populares